domingo, 31 de agosto de 2014

Ocean



Yo sabía desde hace meses que los papalotes de muchas partes del mundo habían platicado acerca de una inquietud en común. Hoy en las noticias, me enteré que han decidido ir a cumplirla después de afinar su condición general y es de admirarles que no les asusten las dificultades futuras, si existiesen. Sólo saben que están listos, y eso para ellos, no es anticipar algo, es simplemente partir. Su camino comienza con la fuerza del viento, y éste, es un tanto impredecible

Sonrío.

martes, 20 de agosto de 2013

Amistades

Inesperada llamada la de ese viejo amigo. Ha suplido con gracia a la que en realidad había estado esperando con urgencia, con inquietud. Me ha conectado de nuevo por un instante con el mundo sacándome de esa añoranza de presencia. ¿De quién? Pregunta Iom, un recuerdo saltarín que gusta de frecuentar los pensamientos durante las llamadas telefónicas. Quienes, le respondo mientras observo sus muecas. Pienso. Dos mujeres son parte importante de mí todos los días y recién me di cuenta por la mañana que no sé nada de sus vidas desde hace mucho tiempo. Hallé un entrañable obsequio de una de ellas en el librero e inmediatamente recordé a la otra, pensé que me encantaría verlas y charlar con ellas toda una tarde y quizá parte de la noche, solo que la gran enemistad entre ellas descartó la imagen del trío bajo una puesta de sol. Admito que eran ellas quienes siempre me mantenían al tanto de sus vidas y agradecía que así fuera. Pero no tengo carta, llamada o algo que me indique su presencia en mi vida como ya dije, desde hace mucho tiempo. ¿Habré tenido qué ver? Mis constantes olvidos y desantenciones tal vez, esos que sólo resultan de esas cosas que no sé hacer y que la amistad exige al menos, de vez en cuando. 

No sé qué ha dicho mi viejo y muy querido amigo, me parece que no ha cuestionado mi silencio y algún monosílabo que si acaso he dejado escapar; me doy cuenta que está por despedirse y se apodera de mí un acto desesperado por recuperar la charla, me acerco totalmente al teléfono, me dejo caer con prisa en el sillón de junto, escucho atento su voz. Es tarde, en un abrir y cerrar de ojos mi amigo me ha externado afecto y tan solo he alcanzado vagamente a responder con un "y yo a ti, no sabes cuanto" antes de que colgara. Reencuentro es la palabra que relampagueante recorríó muy lento mi cuerpo (contrario a lo que normalmente creería), haciendo pausas repentinas a cada centímetro. No pude distinguir nunca si era una continuidad del mismo rayo lírico o si surgía uno nuevo en el tramo vecino. Quietud... y escamas. Desde siempre, escamas.