jueves, 8 de diciembre de 2011

Tic-tac

Jueves 8 de diciembre. Marcaba las 2:37:34. Se le ha terminado la pila a ese reloj tan mío, el de cubierta magenta encima de una lucecita chispeante, segundero rojo y manecillas negras con rayitas fluorescentes, números negros verdes y amarillos (en esa secuencia). Llegó a mí en mi cumpleaños antepasado.  Hoy que ha muerto (no pienso ponerle baterías nuevas), con expectativas nulas de hacerlo lo vi y automáticamente, entre silencios y miradas y una lenta partida, protagonizamos el último encuentro. Sé a qué hora pasó, y hace unos minutos observé la hora de despertador programada que tenía mi reloj predilecto. Casual, coincide.  Si me hubiese fijado más en las señales hubiera sabido que me indicaba algún suceso a las 10:10. Él lo sabía. ¡Qué tuyo era ese muchacho!